Sin gritos. Sin berrinches. Solo Daniel y Rachel bajando de la furgoneta de escolta, quemados por el sol, exhaustos e irritables, como si hubieran extraviado equipaje en lugar de un niño.
Daniel me vio primero.
"¿Qué demonios has hecho?", espetó.
No me moví.
"¿Qué he hecho?", repetí.
Rachel se cruzó de brazos. "Habíamos hecho planes. No la abandonamos."
Lea más en la página siguiente >>
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
