Pero la verdadera vergüenza eran ellos.
Y ahora no estaba escrito con rotulador en la frente de la chica, sino en su historial criminal.
Esa noche, Ruby y yo hicimos galletas y debatimos quién era peor cantando villancicos.
Se rió tanto que se le sonrojaron las mejillas.
Ahora estamos bien.
Solo nosotras dos.
Y ya basta.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
