Me levanté, agarré mi bolso y dejé la ratonera sobre la mesa.
Diane me vio marchar. Ryan lo intentó una última vez. "¿Adónde vas?"
"A un lugar donde pueda dormir sin tener que pagarle a nadie", dije.
En la puerta, miré hacia atrás una última vez, solo una.
"Quédate con la trampa, Diane. Considérala un recuerdo. Por todos los años que me tuviste atrapada en ella".
Salí con la cabeza bien alta. Nadie me detuvo.
A la mañana siguiente, Ryan siguió llamando. No contesté hasta el mediodía.
"Tenemos que hablar", dijo, con voz agotada.
"Lo haremos", respondí. "De dinero. De respeto. De límites. Y de qué pasa después".
Entonces colgué y miré la ciudad. Nada había cambiado afuera.
Pero yo sí.
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