La familia ha tenido que adaptar la comunicación: “el lenguaje se está yendo”, dijo Emma, pero han encontrado otras vías de conexión —gestos, afecto y miradas— y aún observan destellos de su personalidad, como su risa característica. Son momentos que aparecen y desaparecen con rapidez, pero que siguen significando mucho para todos.
Rutinas, visitas y un hogar con amor

La cercanía entre viviendas permite que Emma y las niñas lo vean con frecuencia —a la hora del desayuno y por la noche—, manteniendo así una presencia constante en la vida del actor. La casa, cuenta Emma, está “llena de amor, calidez y cuidados”, y amigos de Bruce siguen sumándose para acompañarlo.
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