Le robaba el almuerzo a mi pobre compañero todos los días solo para burlarme de él. Pero cuando leí la nota que su madre había escondido en su mochila, la comida se convirtió en cenizas en mi boca.

Me puse zapatillas de edición limitada antes que nadie. Mi teléfono siempre era el último modelo, siempre actualizado. Vivía en una mansión con techos tan altos que mi voz resonaba al gritar. Pero no había nadie para oírme.

En la escuela, llenaba ese vacío con ruido. Y Lucas Miller era mi blanco favorito. Lucas, el pobre becario. Su uniforme estaba raído de tantos lavados. Las mangas eran un poco cortas, dejando ver unas muñecas que parecían demasiado delgadas. Su mochila estaba rota por las costuras.

Su lonchera marrón siempre estaba arrugada, manchada de grasa, contando historias de comidas sencillas. En cada descanso, realizaba el mismo ritual. Le arrebataba la lonchera de la mano. Saltaba a la mesa. La levantaba.

"¡Veamos qué ha traído hoy la trabajadora social!". La risa me inundaba. Lucas nunca se defendía. Eso lo hacía más fácil. Simplemente se quedaba allí parado, con los ojos brillantes y la mandíbula tensa, aguantando como el mal tiempo.

Le robaba el almuerzo a mi pobre compañero todos los días para reírme de él. Pero cuando leí la nota que su madre había escondido en su mochila, la comida se convirtió en cenizas en mi boca.

Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.