"Mamá, tengo fiebre... ¿puedo quedarme en casa y faltar a la escuela hoy?", preguntó la niña.
Su madre le tocó la frente y, tras un momento, asintió. Al mediodía, Emma oyó el sonido de una llave girando en la cerradura. Asomándose desde su habitación, vio a su tía entrar en la casa y, discretamente, guardar algo en el bolsillo del abrigo de su madre. Antes de irse, habló por teléfono:
"Ya lo he arreglado todo. Puede llamar a la policía esta noche. Esa tonta no sospechará nada".
Emma Collins rara vez pedía quedarse en casa, así que cuando apareció pálida y con fiebre esa mañana, su madre, Laura Collins, no lo dudó. Tras tocarle rápidamente la frente, suspiró:
"Vale, cariño. Descansa hoy. Te llamo a la hora de comer".
Se apresuró a ir al trabajo, ignorando la preocupación en el rostro de su hija.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
