Caroline colgó el teléfono, se alisó el abrigo y salió tan silenciosamente como había entrado.
La casa se sentía más pesada, llena de una tensión que Emma no podía explicar. Retrocedió lentamente hacia la habitación, con el corazón latiendo cada vez más rápido. El sobre. El teléfono. El extraño tono de su voz. Algo iba terriblemente mal, y lo que fuera que su tía estuviera planeando podría involucrar a su madre de forma peligrosa.
Las manos de Emma temblaban. ¿Debería llamar a su madre? ¿Hacer como si nada hubiera pasado? La fiebre casi había bajado, pero el pánico aumentaba a un ritmo alarmante.
Entonces oyó el coche de su madre entrar en el garaje.
Y Emma se dio cuenta de algo aterrador: el sobre seguía en el abrigo de Laura.
Laura entró en casa con la sonrisa de siempre, cansada pero cariñosa. La ansiedad de Emma aumentó al instante. Corrió hacia su tía, le agarró la mano y le susurró con urgencia:
"Mamá, tengo que decirte algo".
Laura se arrodilló ante su hija. ¿Qué te pasa, cariño? ¿Sigues sintiéndote mal?
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