Tengo 35 años y mi hermana menor, de 29, se casó el fin de semana pasado. Nuestra relación siempre ha sido un poco inestable: ella cuida mucho su apariencia, es un poco perfeccionista y le encanta ser el centro de atención. Yo soy todo lo contrario: más tranquilo, más práctico y no me gusta llamar la atención. Aun así, siempre he intentado estar ahí para ella. Cuando se comprometió el año pasado, le dije que la ayudaría en todo lo que pudiera.
Hace unos cuatro meses, me pidió que le pagara su luna de miel. Su prometido acababa de ser despedido y andaban cortos de dinero. Tengo estabilidad económica, así que le di 3000 dólares para el viaje, pero le dejé claro que esto sería entre nosotros. No soy de los que presumen y no quería darle mucha importancia. Me prometió que lo mantendría en privado.
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