Mi esposa falleció, dejándome con un hijo enfermo. Seis años después, conocí a su doble sana. Una prueba de ADN reveló una verdad que me aterrorizó.

"Logramos salvar a su hijo. Está en la unidad de cuidados intensivos, nació prematuro y su estado es grave", anunció el médico con rostro cansado. Esta noticia fue el hilo conductor al que Dmitry se aferró, impidiéndole ahogarse en el océano de dolor. Tenía a Misha, una parte de Lena, su continuación.

Pasó dos semanas fuera de la UCI. Finalmente, le permitieron ver a su hijo. Un cuerpo diminuto, rodeado de cables, en una incubadora. Dmitry puso la mano sobre el cristal frío y susurró: "Persevera, hijo mío, estoy contigo. Saldremos de esto".

Antes de que le dieran el alta, el jefe del departamento, un profesor de cabello canoso y mirada penetrante, lo llamó a su despacho. "Dmitry Andreevich, tengo malas noticias", comenzó. A su hijo le han diagnosticado una cardiopatía congénita leve: un pequeño defecto en el tabique interventricular.

En la mayoría de los casos, estos defectos se cierran solos durante el primer año de vida, pero en el caso de su hijo, la situación es complicada. Necesitará atención constante de un cardiólogo, apoyo terapéutico y posiblemente cirugía en el futuro. Los niños con este defecto se cansan con facilidad y se resfrían con frecuencia. Deberá tener mucho cuidado con su salud.

El mundo de Dmitry no se derrumbó, pero la ansiedad lo invadió. Recibió a su hijo y un montón de papeles con un diagnóstico que parecía una maldición para toda la vida. Llevó ese pequeño paquete a su apartamento, que aún olía al perfume de Lena. Lucharía por la salud de su hijo. Vendió su coche, empezó a teletrabajar y transformó su vida en una maratón interminable dedicada al cuidado de Misha.

Noches de insomnio, visitas a cardiólogos que solo decían: "Estamos vigilando", una dieta especial, protección contra todo tipo de infecciones. Vivía solo para ese pequeño y delicado ser en el que veía los ojos de Lena.

Pasaron seis años. Contrariamente a lo que esperaban los médicos, la cardiopatía de Misha persistió. Creció siendo un niño débil, incapaz de correr con sus compañeros y cansándose fácilmente al jugar. Cualquier resfriado amenazaba con complicaciones. Pero era un niño increíblemente cariñoso e inteligente.

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