Los niños se habían hecho amigos. Dmitry, observándolos, sintió que todo se encogía en su interior. Eran como reflejos en espejos distorsionados: uno brillante y lleno de vida, el otro, su pálida y frágil sombra.
Hablando con Anna, intentó averiguar algo sobre Kostya con cautela.
"Oh, tiene la energía de tres", suspiró Anna. "Lo estoy criando sola, a veces me derrumbo de agotamiento."
"Perdón por la indiscreción... ¿Y el padre...?"
Por un instante, el rostro de Anna se endureció.
"Kostya es adoptado. Lo adopté hace seis años. Era... un niño abandonado. Lo dejaron en el hospital."
El corazón de Dmitry se hundió en el abismo. Un niño abandonado. En el hospital. Hacía seis años. Todo encajaba con una precisión aterradora.
"¿Qué hospital, si no es una pregunta grosera?", preguntó.
"En el número diecisiete. ¿Por qué?"
En el número diecisiete. La misma casa donde nació Misha. Un escalofrío gélido lo recorrió.
Ahora tenía un propósito. Necesitaba pruebas de ADN. ¿Pero cómo?
Empezó a encontrarse con ellos "accidentalmente" constantemente. Un día, Anna los invitó a su casa. Era su oportunidad. Mientras jugaban, Kostya tropezó y se golpeó la nariz con fuerza. Empezó a sangrar.
Anna corrió a ayudarlo, y Dmitry fue al baño a buscar algodones, guardando discretamente el pañuelo que Anna ya había usado para secar la sangre del niño.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
