De camino a casa, apretaba con fuerza ese pañuelo invaluable en el bolsillo. Al día siguiente, encontró un laboratorio privado y envió la muestra. Las dos semanas de espera se hicieron eternas.
Esas dos semanas fueron una tortura. El teléfono sonó el martes por la tarde.
"¿Hola, Dmitry Andreevich Krasnov?"
"Sí."
"Llamamos del laboratorio GenoTest. Los resultados están listos."
"Por favor, dámelos... ahora. Por favor."
Una pausa.
"La probabilidad de paternidad es del 99,999 por ciento."
El teléfono se le resbaló de la mano. Dmitry se desplomó al suelo. Así que era cierto. Kostya era su hijo. Su hijo sano y fuerte, que le habían arrebatado. Y Misha... ¿quién era Misha?
Ira, alegría, dolor, furia: todo se mezclaba. Los habían engañado. Los niños habían sido intercambiados.
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