"Te lo dije, hija mía. Debiste irte antes. Vivir con una suegra es duro, y con una como la tuya, es aún peor."
En ese momento sonó el timbre. Volodia estaba afuera.
"¿Dónde está tu hija? ¿Qué pasa? ¿Por qué se llevó mis cosas?"
"¿Robada? ¡Me quité lo que era mío por derecho! Durante tres años de matrimonio. ¡Si quieres algo, ve a juicio!", dijo Natasha con calma.
"¡¿Qué clase de daño emocional?! ¡¿Estás loca?!", gritó Volodia.
"¿Crees que exagero? Tú y tu madre me han humillado durante años. ¿Crees que eso no tendrá consecuencias?"
"¡Devuélveme mis cosas! ¡Mi reloj!", siguió gritando.
“Ve a la casa de empeños. Aquí tienes el recibo”, dijo Natasha, entregándole los documentos.
“No soy una ladrona. Simplemente no quiero depender más de ti. Tómalos y vete”.
Poco después, Natasha solicitó el divorcio. Su decisión fue definitiva.
Consecuencias
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