5% menos por el mal rato. Javier apoyó ambas manos sobre la mesa de cristal e inclinó su gran estructura hacia los ejecutivos. La amenaza silenciosa en su postura hizo que los tres hombres retrocedieran instintivamente en sus sillas. “No me están escuchando”, dijo Javier pronunciando cada sílaba con una lentitud escalofriante. No quiero el restaurante, ya no me interesa comprar el local comercial. hizo una pausa, dejando que el pánico se asentara en los rostros de los vendedores antes de acest asestar el golpe final.
Quiero el edificio completo. El silencio en la mesa fue absoluto. El abogado parpadeó, incapaz de procesar el giro. La torre comercial, Javier, eso no está en venta y aunque lo estuviera, estamos hablando de más de 200 millones de pesos. Los dueños no van a ceder el inmueble principal. Todo tiene un precio. Atajó Javier enderezándose y abrochándose el botón del saco con un movimiento seco. Ofréceles 250 millones. Efectivo. Transferencia inmediata en 24 horas. Cierren el trato hoy mismo antes de la medianoche.
250. Es una locura, Javier. está sobrepagando brutalmente. Ningún analista aprobaría este capricho. ¿Por qué diablos quieres el edificio entero? Javier giró ligeramente la cabeza y fijó su mirada asesina directamente en Armando Vargas, quien estaba petrificado a la distancia, escuchando a medias la conversación. Porque como dueño del restaurante soy un simple inversionista, como dueño del edificio soy Dios. En este pedazo de tierra, Javier levantó la voz lo suficiente para que el gerente lo escuchara. Y mi primera orden divina será que Letal tiene un nuevo propietario.
Se redactará un nuevo contrato y la primera cláusula no negociable exige el despido inmediato de Armando Vargas, sin liquidación, sin carta de recomendación. Y si se atreve a demandar, usaré a todo mi bufete corporativo para asegurarme de que no vuelva a conseguir trabajo ni limpiando baños en una gasolinera. Fui claro. El abogado tragó grueso, asintiendo frenéticamente, aterrorizado por la demostración de poder puro y desquiciado que Javier acababa de desplegar. Sé claro, Javier, redactaré la oferta de inmediato.
Javier dio media vuelta y caminó hacia la salida principal del mientras avanzaba entre las mesas, sacó su teléfono celular y marcó el único número que le importaba en ese momento. No era el de su asistente ni el de su banco. era el de Rojas, su jefe de seguridad e investigador privado, un exmitar especializado en inteligencia que podía encontrar a un fantasma en el fondo del mar si le pagaban lo suficiente. Rojas, respondió al segundo tono. Señor Garza, Rojas, deja lo que sea que estés haciendo.
Necesito que despliegues a todos tus hombres ahora mismo,”, ordenó Javier, empujando las pesadas puertas de cristal del restaurante y saliendo a la cálida noche regio montana. Quiero un informe completo sobre Valeria Mendoza, su exesposa. Señor, creí que el tema estaba cerrado hace 9 meses cuando se fue a París. Nunca llegó a París, Rojas. La acabo de ver. Está aquí en San Pedro. está trabajando de limpieza y está embarazada de 8 meses. Hubo un silencio tenso al otro lado de la línea.
Rojas, acostumbrado a situaciones extremas, supo inmediatamente la gravedad del asunto por el tono fracturado en la voz de su jefe. “Entendido, señor, ¿qué perímetro busco?” “Todo”, gruñó Javier subiendo a la parte trasera de su camioneta blindada mientras su chóer cerraba la puerta. Quiero sus cuentas bancarias. Quiero registros médicos de hospitales públicos y privados. Quiero videos de seguridad de cajeros automáticos. Quiero saber dónde duerme, qué come, con quién habla y qué demonios ha hecho cada maldito día desde que cruzó la puerta de mi mansión hace 9 meses.
Quiero saber quién es el amante que supuestamente la embarazó o si alguna vez existió. Eso requiere pinchar sistemas cerrados, jefe. Es caro y toma tiempo. Me importa una el costo gritó Javier golpeando el respaldo del asiento del copiloto con el puño cerrado haciendo temblar el interior de la camioneta. Te pago para que me traigas verdades, no excusas. La quiero desnudada en papel y quiero ese maldito expediente sobre mi escritorio antes de que amanezca. Si no lo tienes para las 6 de la mañana, estás despedido.
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