No se sorprendió.
"Esto pasa a menudo", dijo. "Hiciste bien en guardar silencio".
Tres días después, Lucía dijo que íbamos al banco.
"Para ayudarte", dijo.
Me dieron un bolígrafo.
Miré el papel.
Mi desaparición oficial.
Y entonces hablé.
"Estuve aquí la semana pasada", dije.
Álvaro se quedó paralizado.
"Lo escuché todo".
Dejé la solicitud de pago del banco sobre la mesa.
"Rechazo todos los documentos presentados a mi nombre".
El gerente se puso de pie.
"Este proceso se detendrá de inmediato".
El rostro de Álvaro palideció.
Lucía lloró.
"¿Sabías esto?", le pregunté.
No pudo responder.
Con esa respuesta fue suficiente.
Se llevaron a Álvaro.
Afuera, el sol se sentía diferente.
Más claro.
Semanas después, la investigación confirmó lo que ya sabía.
Las firmas fueron falsificadas.
Me mudé. Dormí en el pasillo sin que nadie oyera mis pasos.
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