Me levanté lentamente, dejando que el agua goteara al suelo. Me quité el abrigo empapado y lo dejé en la silla. Mi voz era firme:
"Esto significa que se ha activado el Protocolo 7".
Expliqué con calma. El Protocolo 7 era una cláusula interna diseñada para abordar situaciones que implicaban riesgo reputacional y abuso de poder. En ese momento, se congelaron todas las cuentas vinculadas a directivos clave, se retuvieron las bonificaciones y se revisaron los contratos. Álvaro era uno de esos directivos. Su ascenso, salario, estatus… todo dependía de la empresa, que legalmente me pertenecía.
"Eso es imposible", balbuceó. "No puedes..."
"Soy el único accionista mayoritario", lo interrumpí. "Desde hace mucho tiempo, incluso antes de conocerte".
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