¿Listo para tu verdadero regalo?
Asintió.
Le entregué la caja nueva, la que había estado escondiendo todo este tiempo. Dentro estaba el iPhone con el que había estado soñando. Su rostro se iluminó con una sonrisa de alivio y alegría.
Mi padre murmuró:
"Lo estás malcriando".
"No", respondí con calma. "Le estoy dando algo que tú nunca le diste: amabilidad".
La fiesta continuó —música, pastel, el alegre bullicio de los niños—, pero el ambiente se volvió más ligero, más cálido, más genuino.
Mi padre se fue sin decir palabra.
¿Y la piedra?
La conservamos. No como símbolo de crueldad, sino como recordatorio del día en que todo finalmente cambió.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
