Lo leí dos veces.
Y una tercera.
No porque no lo entendiera.
Porque sí lo entendía.
Demasiado claramente.
Durante seis años estuve casada con Adrian Cross, un promotor inmobiliario que creía que el encanto podía justificarlo todo, siempre y cuando estuviera envuelto en un traje caro. Engañaba como algunos hombres coleccionan relojes: abiertamente, con naturalidad, casi con orgullo. Pero esto era diferente.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
