PUBLICIDAD: Un experto explica por qué nunca debes endulzar el café y beberlo amargo.

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Un buen café no tiene por qué ser agresivo.
Contrariamente a la creencia popular, tomar café sin azúcar no significa hacer muecas. Un café de calidad debe ofrecer una gama equilibrada de sensaciones: una acidez ligera y agradable, notas afrutadas o achocolatadas, un amargor sutil y un final persistente. Si solo percibes un sabor a quemado, el problema no es tu paladar.

Un café exitoso depende del equilibrio. Y ese equilibrio desaparece en cuanto se añade azúcar, ya que homogeneiza los sabores. El resultado: se percibe solo un sabor dominante, en detrimento de toda la complejidad aromática.

¿Por qué no todos los cafés son iguales?
El sabor del café comienza mucho antes de llegar a tu taza. La altitud a la que se cultivan los granos, su origen geográfico y la calidad de la cosecha: cada detalle cuenta. A mayor altitud, más sutiles tienden a ser sus aromas. Por otro lado, los granos de menor calidad producen un café más fuerte, que a veces se "corrige" con un tueste más oscuro y, por lo tanto, más amargo.

Así comienza el círculo vicioso: café demasiado tostado, amargor excesivo, azúcar añadido. Mientras que un grano bien seleccionado y cuidadosamente procesado no tiene nada que ocultar.

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