Todos Esperaban Ver A Una Novia De Blanco En La Catedral, Pero Valentina Cruz Entró Vestida De Rojo Sangre Y Convirtió Su Boda En Un Juicio Público Contra El Hombre Que Había Seducido Su Dolor Y Asesinado A Sus Padres…

 

Alejandro devolvió el gesto por cortesía, pero sintió un escalofrío que no supo explicar.

—¿Quién es ese? —preguntó en voz baja a un colega.

—Adrián Salvatierra. Consultor europeo. Llegó hace poco. Dicen que tiene buenas conexiones en España y Francia.

Alejandro siguió mirándolo.

No le gustó la calma de ese hombre.

No le gustó la forma en que parecía estudiar a su familia como si ya estuviera dentro de ella.

Lo que no podía saber era que aquel presentimiento, ese malestar sin pruebas, era el primer aviso de una tragedia que ya había empezado a caminar hacia ellos.

Una semana después, Valentina recorría la bodega principal de Bodegas Cruz con botas, jeans oscuros y una camisa blanca arremangada. Era temprano y el aire olía a mosto fresco. En la zona de fermentación, Thomas Bennett la seguía con una tableta en la mano, repasando temperaturas y niveles de azúcar.

—Si el lote especial mantiene este ritmo —dijo Thomas—, podría superar incluso el 2015.

Valentina sonrió.

—Mi padre diría que no competimos con otras bodegas. Competimos con la versión anterior de nosotros mismos.

Antes de que Thomas respondiera, Rachel Stein apareció con cierta prisa.

—Hay un hombre en la sala de catas —dijo—. Insiste en que tenía una reunión con tu padre. Dice representar a Vinos Europeos Unidos.

Valentina frunció el ceño.

—No me suena ninguna cita.

—A mí tampoco —admitió Rachel—. Pero insiste en que es urgente. Menciona una oportunidad en España.

Las exportaciones europeas eran justamente el proyecto que Alejandro le había encargado a Valentina. Dudó un momento. Thomas no parecía convencido.

—No me gusta —murmuró el administrador.

—Lo atenderé yo —decidió ella—. Si es legítimo, no perderemos la oportunidad. Si no, lo sabremos enseguida.

La sala de catas estaba bañada por luz natural. Grandes ventanales mostraban los viñedos extendidos hasta donde la vista se perdía. Allí, frente al paisaje, de espaldas a la puerta, estaba Adrián Salvatierra.

 

 

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