Todos Esperaban Ver A Una Novia De Blanco En La Catedral, Pero Valentina Cruz Entró Vestida De Rojo Sangre Y Convirtió Su Boda En Un Juicio Público Contra El Hombre Que Había Seducido Su Dolor Y Asesinado A Sus Padres…

Valentina discutió con ellos antes de que salieran. Quiso convencerlos de esperar hasta el amanecer. Isabel la abrazó más fuerte de lo normal. Alejandro le besó la frente.

—Volveremos antes de que te des cuenta —dijo él.

No volvieron.

Tres horas después, dos policías tocaron el timbre de la mansión Cruz.

Valentina abrió.

Y el mundo, de nuevo, se partió.

La camioneta se había salido de la carretera en una curva del mirador.

La lluvia.

La oscuridad.

La pérdida de control.

Ambos muertos en el acto.

Valentina cayó al suelo sin aire, sin voz, sin cuerpo.

Y veinte minutos después, cuando todavía estaba destrozada en el vestíbulo, Adrián Salvatierra llegó a la casa con el rostro perfecto de un hombre que venía a salvarla del dolor.

Ella se refugió en sus brazos.

No sabía que se estaba refugiando en el arquitecto de su ruina.

Los meses posteriores fueron una neblina.

Funeral.

Condolencias.

Reuniones legales.

Periodistas.

Silencios.

Ataques de llanto a medianoche.

Y en medio de todo eso, Adrián.

Siempre Adrián.

Contestando llamadas.

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