Durante una difícil conversación en la comisaría, finalmente se supo la verdad. Daniel explicó que Maya había estado lidiando con serios problemas en casa y se sentía insegura al regresar. Temerosa de que no la creyeran si hablaba, planeaba irse y empezar de cero en otro lugar. Para no tener que afrontar la situación sola, Daniel decidió acompañarla. Admitió que a menudo pensaba en llamar a casa, pero le preocupaba que al hacerlo pudiera revelar la ubicación de Maya. Después de que las autoridades hablaran en privado con Maya, se abrió una investigación y la colocaron bajo tutela protectora. Semanas después, los dos adolescentes se sentaron juntos en la sala de estar familiar viendo una película como cualquier otro niño; un momento de tranquilidad que le recordó a la madre de Daniel que a veces los actos de lealtad y compasión pueden llevar a las personas por caminos inesperados, pero también pueden guiarlas de regreso a casa sanas y salvas.
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