Entraron juntos a la recepción, no como benefactor y beneficiario, sino como dos personas que deciden empezar algo nuevo.
En el salón, la recepción estaba en su apogeo. Rosas blancas y detalles dorados adornaban cada mesa, y una música suave flotaba en el aire mientras los invitados se movían entre la pista de baile y el bar. Carmen, radiante con su vestido de novia, vio a Rachel desde el otro lado del salón y le dedicó una sonrisa amable y tranquilizadora.
James condujo a Rachel lentamente hacia la pista de baile, dándole tiempo para apartarse si quería. No lo hizo.
La música era lenta y tenue. Él puso una mano en su cintura, la otra la sujetó suave pero firmemente. Por un momento, ninguno de los dos habló.
"Hablaba en serio", comenzó James en voz baja. "Lo de mi madre. Lo de por qué empecé la iniciativa de vivienda. No te veo como alguien que necesite ser rescatado. Te veo como alguien que sobrevivió".
Rachel estudió su rostro. No había gracia en su expresión, ningún atisbo de cálculo.
"Dijiste que querías revisar personalmente las solicitudes rechazadas", dijo con cautela. "¿Se trataba de mí?" "No", respondió. "Se trataba de algo que discutimos antes de subir al avión. A veces viajo en clase turista porque me mantiene con los pies en la tierra. Así te conocí. No porque estuviera mirando".
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