El azul oscuro suele considerarse una alternativa "segura" al negro... pero en un tono muy saturado, puede tener un efecto similar. El resultado: la tez se ve menos uniforme, menos vibrante, como si la luz ya no se reflejara correctamente. Para mantener su elegancia sin perder su luminosidad, elige tonos de azul más claros: azul rey, índigo, azul pavo real... verdaderos aliados de un brillo saludable.
Tonos pastel: delicados sobre el papel, menos beneficiosos para la piel.
Evocan helados de verano, suéteres ligeros y la llegada del buen tiempo. Sin embargo, a veces los tonos pastel pueden ofrecer poco contraste con la piel, dándole un aspecto ligeramente cansado. No es necesario eliminarlos: se pueden usar en sutiles detalles, en accesorios, o bien optar por tonos un poco más intensos, como el rosa frambuesa claro o el azul cielo intenso.
Verde caqui: De moda, sí... favorecedor, pero no siempre.
El caqui, un color muy de moda en las últimas temporadas, aporta carácter a un atuendo, pero puede hacer que los rasgos faciales se vean duros si carece de luminosidad. Algunas tez se ven algo apagadas, como si el color absorbiera la luz. Una solución sencilla es elegir tonos de verde más frescos: salvia, verde oliva claro o esmeralda, que aportan profundidad y luminosidad al instante.
Colores neón: Llenos de energía... a veces, demasiado
Brillantes, alegres e innegablemente modernos, los tonos neón llaman la atención de inmediato. Sin embargo, su intensidad crea un fuerte contraste con el rostro, resaltando a veces rasgos que preferirías suavizar. Si te encanta su energía vibrante, elige accesorios (bolsos, zapatos, pañuelos) que realcen su dinamismo sin sobrecargar la tez.
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