Ella los tomó en sus manos.
Sonrió.
—Entonces guárdalos siempre.
—Para recordar que una hija nunca olvida a su padre.
Cerré la caja con cuidado.
La volví a colocar en el armario.
Pero esta vez comprendí algo.
Aquellos zapatos no guardaban dinero.
Guardaban algo mucho más valioso.
El amor de una hija que nunca dejó de pensar en su padre.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
