"Hola, Sarah", dijo.
Quince años… y eso fue lo que eligió.
"No puedes fingir que no pasó nada", respondí.
Asintió una vez, como si lo esperara. Pero no se disculpó. No explicó dónde había estado. No preguntó si podía pasar.
En lugar de eso, metió la mano en su chaqueta y sacó un sobre sellado.
Me lo puso en las manos y dijo en voz baja: "No delante de ellos".
Eso fue todo. Ni siquiera pidió verla.
Me quedé mirando el sobre.
Entonces le respondí.
Quince años… y eso fue un mérito suyo.
"Chicas, vuelvo en unos minutos. Salgo enseguida", grité.
—¡Vale, Sarah! —respondió uno de ellos, aún en medio de la conversación.
Salí y cerré la puerta tras de mí.
Edwin permaneció sentado en el porche con las manos en los bolsillos.
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