“LUCÍA MARTÍN GARCÍA.”
Lo cogí con cuidado. Era pesado. El corazón me latía con fuerza en los oídos.
—Ábrelo —susurró ella.
Abrí el borde. Dentro había una gruesa pila de fotocopias, varios documentos originales con sellos notariales y una pequeña memoria USB negra sujeta con grapas.
La primera página estaba escrita en mayúsculas:
"Si decido cobrar lo que me deben."
En ese preciso instante, la cerradura de la puerta principal que estaba detrás de mí giró bruscamente.
El sonido metálico me atravesó. Cerré rápidamente el sobre y volví a meter la memoria USB dentro, escondiéndola bajo las sábanas dobladas, justo cuando una voz estridente resonó por el pasillo.
"¿Lucía? ¿Ya has vuelto?" Era Pilar.
Respiré hondo, salí al pasillo y cerré la puerta del dormitorio tras de mí.
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