El chico más guapo del instituto invitó a su amiga obesa a un baile lento, con la intención de burlarse de ella, pero en cuanto pisaron la pista, todo el mundo se quedó atónito por lo sucedido…
El baile de graduación en el gimnasio del instituto empezó como tantos otros: luces navideñas cálidas colgaban del techo, globos negros y dorados adornaban las paredes, sonaba música suave y las chicas con vestidos largos se ajustaban cuidadosamente los dobladillos para no tropezar.
Lena estaba de pie a un lado, en la mesa de las bebidas, observando a sus amigas reír y sacarse fotos. Sabía desde hacía años que casi no había sitio para ella en este tipo de eventos. Sus compañeros se habían acostumbrado a ser el blanco de las bromas.
En el instituto la insultaban de mil maneras. A veces susurraban «Gorda», a veces se reían a carcajadas a sus espaldas, y a veces alguno de los chicos gritaba ostentosamente: «¡Cuidado, que viene Lena, que se va a derrumbar el suelo!».
Hacía mucho tiempo que había aprendido a fingir que no oía. Al principio le dolió, luego empezó a molestarle y finalmente la dejó agotada. Decidió ir a la graduación, después de todo, porque un evento así solo ocurre una vez en la vida.
Eligió un sencillo vestido verde oscuro. Sin brillos ni adornos, solo un vestido modesto y elegante. Su madre la ayudó a peinarse, y Lena se puso sus gafas de siempre y se dijo en voz baja frente al espejo que no se apresuraría esa noche.
La música cambió y el director de escena anunció un baile lento. Las parejas comenzaron a salir a la pista. Las chicas sonreían tímidamente, los chicos se ajustaban las chaquetas y la sala se llenó con un suave vaivén.
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