Hizo una pausa. —¿Estás segura de que este es el evento correcto? Algunos invitados detrás de mí se detuvieron a mirarnos. —¿Podrías llamar a mi marido? —pregunté. —Javier, él puede aclararnos la duda. La sonrisa de Silvia se amplió. —La esposa del señor Javier ya está dentro. Esas palabras me helaron la sangre. —Disculpe. Su esposa ya está aquí. Lleva aquí más de una hora. Silvia miró a la multitud y alzó un poco la voz. —A menos que el señor Javier tenga dos esposas…
Alguien detrás de mí soltó una carcajada. Mi mente se aceleró. ¿De qué estaba hablando? Quise llamar a Javier, pero mis dedos encontraron un bolsillo vacío. Había olvidado el cargador. Claramente había habido un descuido. Dije: "Si pudiera, señora...". Una voz grave me interrumpió. Un guardia de seguridad se adelantó. Su placa decía "Carlos". Se colocó entre yo y la entrada. "Voy a tener que pedirle que se aparte. Está bloqueando la fila".
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