Enterré a mi hijo hace 10 años; cuando vi al hijo de mis nuevos vecinos, juraría que se parecía a cómo se vería el mío si estuviera vivo hoy.

Me di la vuelta y corrí a casa.

Me senté a su lado en el sofá.

—Carl. El chico de al lado.

—¿Qué pasa con él?

—Se parece a Daniel.

Carl cerró el libro, pero no dijo nada.

—El mismo pelo —dije—. La misma cara. Carl, tiene los mismos ojos. Uno azul, el otro marrón. Tiene diecinueve años, la misma edad que tendría Danny ahora, y se parece mucho.

 

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