Esta casa me pertenece a mí, a mi hijo, y usted acaba de violar principios morales.

Cuando Camilla oyó las palabras "FBI" y "adolescente", soltó el brazo de Max como si estuviera en llamas. "¿Esto no es tuyo?", preguntó horrorizada. "¿Y el dinero?". "Toda deuda, querida", dijo Isabella, apareciendo impecablemente vestida detrás de su padre. "Incluso el collar que llevas es robado. Quítatelo. Ahora mismo".

Reinaba el caos. Camilla se arrancó el collar del cuello, lo arrojó sobre la mesa y salió corriendo, gritando que ella también era una víctima. Max intentó negociar y balbuceó excusas, pero el sheriff comenzó a sacar sus muebles al césped bajo la lluvia.

El estrés del enfrentamiento le pasó factura. Isabella sufrió fuertes dolores abdominales y tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital. Los médicos advirtieron que el estrés extremo ponía en peligro el embarazo. Mientras Isabella luchaba por la salud de su bebé en la cama del hospital, Max intentaba desesperadamente controlar la cobertura mediática y presentarse como víctima de una conspiración familiar. Lo que no sabía era que Rosa, la ama de llaves, había estado grabando sus conversaciones privadas durante meses, incluyendo el momento exacto en que planeaba humillar a Isabella para mejorar su imagen pública antes de una fallida salida a bolsa.

Parte 3: El legado de la verdad

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