Mi hermana me robó la tarjeta del cajero y compró un auto de 50.000 dólares. Cuando la enfrenté, me echó de la casa. “Ya no sirves para nada, lárgate”, me soltó con des… En voir plus
Daniela explotó.
—¡Dame mi tarjeta, naca! ¿Sabes quién soy?
Mi mamá empezó a jalarle el brazo.
—Daniela, vámonos.
Salieron furiosas hacia la camioneta. Daniela se subió al volante, mi mamá al copiloto. El motor encendió, pero la pantalla central se apagó de golpe. Después apareció el emblema plateado de Grupo Salvatierra.
Clac.
Las cuatro puertas se bloquearon al mismo tiempo.
Daniela jaló la manija.
—¿Qué le pasa a esta cosa?
Tres camionetas negras cerraron la calle. Hombres con chalecos de la Fiscalía y agentes financieros bajaron rodeando el vehículo. La cara de mi mamá se descompuso.
Entonces llegó mi papá corriendo, gritando que soltarán a su hija, que nosotros no sabíamos con quién nos metíamos.
En ese momento apareció un Mercedes blindado. La puerta se abrió. Bajó Alejandro Salvatierra. Y detrás de él, bajé yo.
Mi padre me vio con traje sastre, lentes oscuros y escoltas a los lados.
Por primera vez en su vida, no supo qué decir.
Y Daniela, encerrada dentro de la camioneta, entendió que la parte más horrible apenas iba a comenzar…
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