MILLONARIO VE A SU EXESPOSA EMBARAZADA TRABAJANDO COMO MESERA — LO QUE PASÓ DESPUÉS CAMBIÓ TODO…

El gerente se ahogó en un jadeo ahogado cuando fue tirado violentamente hacia atrás. Se topó de frente con el rostro ensombrecido de Javier Garza. Los ojos de Javier ya no eran los de un empresario calculador, eran los de un depredador, a un segundo de destrozar a su presa. ¿Tienes algún problema con ella, basura? gruñó Javier, su voz resonando en un barítono profundo, letal, lo suficientemente alto para que el murmullo de las mesas cercanas se apagara de inmediato.

Armando palideció hasta volverse del color de la ceniza. Conocía a Javier Garza, toda la élite de Monterrey conocía al magnate inmobiliario. Era uno de los clientes más importantes y temidos de la ciudad. Señor Garsa. tartamudeó el gerente temblando bajo el agarre que amenazaba con cortarle la respiración. Y yo solo estaba corrigiendo al personal, no quería molestarlo. El sonido del nombre Garza tuvo un efecto eléctrico a 2 met de distancia. Valeria, que estaba frotando la mesa con los ojos llenos de lágrimas, se quedó completamente petrificada.

El trapo blanco resbaló de sus dedos, cayendo en cámara lenta hasta el suelo. El oxígeno pareció ser absorbido de la habitación. Lentamente, con el terror absoluto desfigurando sus facciones, Valeria giró el rostro. Su respiración se detuvo. Sus manos se aferraron instintivamente a los costados de su abultado vientre, como si intentara proteger al bebé de la mirada que se avecinaba. Javier soltó a Armando de un empujón brutal, haciendo que el gerente tropezara y cayera de rodilla sobre el mármol.

Pero Javier ya no miraba al hombre en el suelo. Sus ojos se clavaron directamente en Valeria. El silencio en el restaurante fue sepulcral. Las miradas de los millonarios alrededor estaban fijas en la escena. La tensión era tan densa que podía cortarse con un cristal. Javier la miró de arriba a abajo, el uniforme humillante, las ojeras, el pánico en sus ojos castaños y finalmente esa enorme barriga de 8 meses. Valeria retrocedió un paso chocando contra una bandeja de copas vacías que un mesero había dejado cerca.

La bandeja cayó al suelo. El sonido de los cristales estallando en mil pedazos rompió el silencio como un disparo, pero ninguno de los dos se inmutó. Estaban frente a frente, el millonario traicionado y la exesposa destruida. Ja, Javier”, susurró Valeria con los labios temblando incontrolablemente, retrocediendo otro paso, queriendo desaparecer, huir, morir antes de que él hiciera la única pregunta que ella había jurado nunca responder. Javier dio un paso hacia ella, aplastando los cristales rotos con sus zapatos italianos, sus ojos ardiendo de dolor y rabia.

Mes, Valeria. La voz de Javier era baja, áspera y resonó en el silencio absoluto. Mesde que huiste. Javier bajó la vista hacia el vientre de ella, el cálculo brillando como una sentencia de muerte en sus pupilas. 8 meses de embarazo. Valeria se cubrió la boca con las manos, ahogando un soyo, ahogado, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra la pared. No había salida. El muro que había construido para protegerlo de la verdad acababa de colapsar frente a sus ojos.

 

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