Doña Marta dudó, pero la determinación del joven la convenció de al menos avisar a su empleador.
Unos minutos después, regresó.
Aceptó verte, pero advirtió que sería una visita breve. ¿Seguro que quieres entrar?
El corazón de Lucas latía con fuerza, pero asintió.
El interior de la mansión era aún más impresionante de lo que había imaginado:
Relucientes suelos de mármol, valiosas pinturas en las paredes y elegantes muebles de madera en cada habitación.
Doña Marta lo condujo a una habitación grande con una cama de hospital y diversos equipos médicos…
Parte 2…
Doña Marta lo condujo a una espaciosa habitación donde el silencio parecía pesar más que las lámparas de araña de cristal que colgaban del techo.
En el centro, junto a los grandes ventanales que daban al jardín impecablemente cuidado, se encontraba una cama de hospital.
Y en ella, Helena Albuquerque.
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