Tomé mi bolso, me despedí de sus amigos y salí.
No me siguió.
No llamó.
Ni siquiera se dio cuenta de que me había ido.
Fue entonces cuando algo dentro de mí se calmó.
No se rompió.
No estaba enfadada.
Simplemente… lúcida.
Conduje a casa bajo la fría lluvia, agarrando el volante con fuerza.
Cuando aparqué, ya no lloraba.
Estaba pensando.
Planeando.
A medianoche, me encontraba en el salón, rodeada de cajas.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
