Imagínate: estás sentado en el metro y hay tres personas delante de ti, cada una con sus propios motivos para querer un asiento. La primera es una madre con un niño pequeño en brazos, visiblemente agotada. La segunda es una joven ciega que se apoya en un bastón y lucha por mantener el equilibrio. La tercera es una mujer embarazada con una barriga muy grande que necesita descansar. La verdadera pregunta es: ¿quién merece tu asiento? Muchos dicen que la madre porque tiene un bebé; otros dicen que la embarazada porque necesita descansar para proteger a su feto. Pero si lo piensas lógica y humanamente, te das cuenta de que la persona con discapacidad, como la joven ciega, es quien más necesita un asiento. No se trata solo del cansancio, sino también del riesgo para su seguridad en caso de una caída o un movimiento involuntario. Luego viene la embarazada, porque incluso el más mínimo movimiento puede tener repercusiones en ella y en el feto. Las madres también tienen derecho a descansar.
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