Una sencilla reunión familiar durante las fiestas que acabó cambiándolo todo.

Tras un funeral, una especie de duelo silencioso se instala en el corazón, y no solo en el alma, sino también en las manos. Uno se encuentra sosteniendo objetos pequeños y cotidianos que de repente parecen sagrados: un programa doblado, una foto descolorida, una joya guardada en el bolsillo. En medio de la confusión de los preparativos, las condolencias y el cansancio, es fácil dejar las cosas de lado, pensando que no son más que trastos.

Pero algunas cosas no están hechas para ser desechadas.

Estas cuatro cosas, aparentemente sencillas, suelen tener un profundo peso emocional, histórico e incluso legal. Ignorarlas en un momento de desesperación puede acarrear un arrepentimiento duradero, sobre todo cuando, meses después, te das cuenta de que eran vínculos irremplazables con la persona amada.

Si estás lidiando con las consecuencias de una pérdida, tómate un momento antes de vaciar ese cajón o reciclar esa caja. Aquí tienes cuatro cosas que nunca debes tirar en un funeral y por qué merecen un lugar de honor en tu proceso de sanación.

1. Cartas personales, notas o mensajes escritos a mano
Ya sea una tarjeta de felicitación guardada en la mesita de noche, una lista de la compra garabateada con letra desordenada o una carta de amor de hace décadas guardada en un libro, las palabras escritas a mano son cápsulas del tiempo.

La letra de tu ser querido, su elección de palabras, incluso el papel que escogía: estos detalles nos hacen recordarlo de una manera que las fotos a veces no consiguen.

Conserva todos los documentos escritos a mano, aunque parezcan insignificantes.
Otra opción: si el espacio es limitado, escanéalos o fotografíalos, pero nunca deseches los originales sin antes considerarlos cuidadosamente.

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