Nada.
Sin huellas de neumáticos.
No se encontraron restos del accidente.
No hay testigos.
No hay rastro del coche.
Fue como si los tres adolescentes —y su vehículo— se hubieran desvanecido en el aire.
Los días se convirtieron en semanas.
Semanas en meses.
Y el asunto, inicialmente local, se ha convertido en un enigma regional.
Los titulares se están difundiendo:
"Tres adolescentes desaparecieron tras el baile de graduación"
"Desaparición en Ohio: sin pistas"
"El coche desapareció sin dejar rastro"
El silencio era denso.
Un posible accidente.
Una fiesta secreta que salió mal.
Un pacto para huir.
Quizás incluso un acto delictivo.
Pero nada de eso tenía sentido.
Porque un hecho era innegable:
No había pruebas.
Para las familias, el tiempo se detuvo.
El padre de José recorría a diario los mismos caminos, escudriñando zanjas y barrancos.
El hermano de William colocó carteles en los condados vecinos.
La madre de Nikki permaneció sentada junto al teléfono, tomando nota de cada detalle, por insignificante que pareciera.
Cada pista condujo al mismo resultado:
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
