Desaparecidos tras el baile de graduación de 1992: un coche enterrado, 24 años de silencio y la escalofriante verdad oculta bajo el hormigón.

En ningún lugar.

A finales de 1992, los investigadores admitieron discretamente lo que nadie quería oír.

El asunto estaba estancado.

Pero la historia no ha desaparecido.

Ha evolucionado.

A lo largo de la década de 1990, el caso se convirtió en una leyenda local.

Los adolescentes hablaban de ello en voz baja.

Los automovilistas evitaban ciertas carreteras por la noche.

Circulaban rumores sobre luces intermitentes cerca del lago Miller.

Algunos afirmaron oír música a lo lejos.

La leyenda urbana estaba entrelazada con una tragedia sin resolver.

Mientras tanto, la investigación continuó, lenta y discretamente.

Los detectives exploraron todas las pistas posibles.

Entrevistas a testigos.

Llamada de vehículo.

Cartas anónimas.

Sin pistas.

Nada duradero.

Ninguna pista ha dado respuesta alguna.

Han pasado los años.

Luego llegaron las décadas.

A principios de la década de 2000, el caso se convirtió oficialmente en lo que los investigadores denominan una investigación de caso sin resolver de larga duración, una categoría conocida por su baja tasa de resolución y los limitados avances forenses.

Sin embargo, las familias se negaron a rendirse.

Se han puesto en marcha campañas.

Se concedieron las entrevistas.

Los aniversarios se conmemoraron con vigilias a la luz de las velas.

La esperanza no ha desaparecido.

Se ha vuelto más fuerte.

Y entonces, en 2016, 24 años después, todo cambió.

Comenzó como cualquier otro día en la obra.

Un proyecto de reurbanización cerca del parque industrial de Dry Creek.

La maquinaria de construcción estaba retirando el hormigón viejo.

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