Elegimos un restaurante elegante en Querétaro. Manteles blancos impolutos, iluminación cálida, aunque un poco brillante, y camareros que hablaban en voz baja. Todo estaba preparado con esmero… quizás demasiado.
Mi esposo, Alberto, sonrió de forma extraña. No era su sonrisa habitual. Era rígida, ensayada, como la sonrisa de alguien que ya ha tomado una decisión y solo espera el momento oportuno para anunciarla.
Nos sentamos en una mesa semicircular. Unos globos dorados adornaban mi silla, y un gran pastel lucía la inscripción rosa:
"¡70 y espectacular, Carmen!"
Amigos de la parroquia, varios vecinos de toda la vida, el socio de Alberto y su esposa… todos brindaron por mí. Me dedicaron palabras amables. Recordaron cómo nunca me perdía una fiesta escolar, cómo siempre abría las puertas de mi casa en Navidad, cómo mantenía unida a la familia, incluso cuando no era fácil.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
