Dejé que sonara el primer teléfono hasta que se cortó. Luego volvió a llamar. Y otra vez. Al cuarto intento, finalmente contesté.
"¿Qué te pasa?", exclamó antes de que yo pudiera decir una palabra.
Ni un saludo. Ni una confusión. Ni el más mínimo intento de fingir inocencia. Sophia siempre había vivido como si mi generosidad fuera algo natural, un hilo conductor intrínseco a su ser. Agua, electricidad, Lena. Solo se daba cuenta cuando algo dejaba de fluir.
—Nada —dije.
"Mamá dijo que dejaste de pagar la hipoteca."
"Lo hice."
Ella soltó una risita sorprendida. "No puedes hacer eso."
"Ya lo he hecho."
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