"Ya no quiero casarme con él."
Me quedé paralizada en cuanto oí la voz de Garrett detrás del tabique de caoba que separaba la entrada del comedor privado. Había llegado al bistró quince minutos tarde, todavía abrigada con mi impermeable, con el teléfono en la mano y la mente absorta en una conferencia telefónica que acababa de terminar.
Desde mi ascenso a socio principal en el bufete, los retrasos se habían convertido en una constante. Esto no se debía a la falta de organización, sino a la necesidad de sobrevivir entre clientes importantes y empresas en quiebra, mientras que los demás seguían como si nada pasara.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
