Un joven llamado Samuel, que llevaba mucho tiempo trabajando en el campo, permanecía en silencio a su lado. «Su mirada era cautelosa, pero había algo más. Intriga, una chispa de curiosidad. "No eres como las demás", dijo en voz baja, asegurándose de que nadie lo oyera. "Te mueves diferente. No muestras miedo".» El miedo, comprendió, era una herramienta, igual que el silencio.
—Estoy aprendiendo —susurró ella, con un tono reflexivo y atento—. Hay mucho más en este mundo de lo que la mayoría de la gente ve. Él la observó, claramente impresionado. —Entonces, tal vez sobrevivas más de lo que nadie espera. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa. Ya había empezado a vislumbrar el camino que ella podría seguir. Se podían forjar alianzas, ganar lealtad sobre la marcha y ejercer influencia con discreción.
Su padre creía haberla castigado, pero ella había descubierto la primera verdad de su nuevo mundo. El poder se podía alcanzar mediante la astucia y la paciencia, no solo la fuerza física. Al final de la primera semana, comenzaron a circular discretamente rumores sobre su presencia entre los esclavos. Observaban su porte, la precisión con la que hablaba y la serenidad que mantenía bajo observación.
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