—Mamá, mi suegra está viviendo con nosotros… y nos está haciendo la vida imposible. Por favor, ven mañana a la reunión familiar —dijo, casi en un susurro.

—No puedes hacerme esto —escupió, alzando por fin la vista—. Yo vivo aquí. Soy la madre de la dueña de casa.

—La dueña soy yo —contesté, sin levantar el tono—. Tu hija y mi hijo son inquilinos. Y han firmado un contrato nuevo que prohíbe la residencia de terceros sin mi consentimiento. Que, por cierto, no tengo intención de darte.

Patricia se volvió hacia Lucía, buscando apoyo.

—¿Tú sabías esto? —le gritó—. ¿Vas a permitir que tu suegra me eche a la calle como a un perro?

Lucía temblaba, pero mantuvo la mirada.

—Mamá, esto no es de hoy —dijo, con la voz rota—. Llevas meses gritándome, criticando a Alejandro, hablando mal de Carmen. Nos has dicho que sin ti no somos nada. Yo… yo no quiero seguir así.

Alejandro se acercó a su mujer y le pasó un brazo por los hombros.

—Fui yo quien llamó a mi madre —añadió—. Esto ha sido idea nuestra también. Queremos vivir en paz.

—¿Paz? —Patricia soltó una carcajada seca—. Paz con esta controladora que compra casas para teneros atados. No me hagas reír.

La miré un instante, sin responder. No necesitaba defenderme; los hechos eran suficientes.

—Hay algo más que deberías saber —dije, volviendo a abrir la carpeta—. Alejandro y Lucía se mudan el mes que viene.

Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.