Mi esposo me regaló un vestido… pero cuando su hermana se lo probó, empezó a gritar desesperada.

—Escúchame bien. Tienes que salir de ahí.

Silencio.

—¿Qué pasa?

—No por teléfono. ¿Puedes inventarte una urgencia?

—Elena…

—Hazlo.

Debió de notar algo en mi tono, porque no discutió. Dijo que me llamaría en diez minutos y colgó.

Esos diez minutos se hicieron eternos. Natalia caminaba de un lado a otro del departamento. Yo seguía abriendo archivos y encontré una nota escaneada que me dejó helada: una lista de nombres potencialmente comprometidos, y entre ellos estaba el de Natalia, marcado en rojo, y debajo, en letra manuscrita: “Presionar a través de la familia.”

Cuando Alejandro devolvió la llamada, sonaba agitado.

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