—Explícame qué está pasando.
Natalia cerró los ojos. Llevaba maquillaje caro, pero el sudor ya le había marcado líneas en la base y alrededor de los ojos. La observé en silencio hasta que entendió que no iba a ceder.
—Hace seis meses —dijo al fin— conocí a una mujer en una cena benéfica en Polanco. Se llamaba Nuria Kessler… o eso dijo. Era de esas mujeres que entran a un lugar y todo el mundo se voltea a mirarlas. Tenía dinero, joyas discretas, chofer… y ese vestido.
Sentí un escalofrío.
—¿El mismo vestido?
Natalia asintió lentamente.
—No uno parecido. Ese mismo.
Me senté frente a ella, con cuidado, sintiendo que algo mucho más grande se abría ante nosotras.
Entonces empezó a contar una historia que sonaba absurda, casi inventada, pero cuyos detalles tenían un peso inquietantemente real. En aquella cena, Natalia se había presentado como asesora financiera independiente. En realidad, llevaba meses atrapada en deudas por inversiones fallidas y un estilo de vida que ya no podía sostener. Nuria lo notó enseguida. La invitó a reuniones, a cenas privadas, la introdujo en un pequeño círculo de personas con mucho dinero que buscaban mover capital fuera de México con rapidez. Natalia creyó que había encontrado una salida.
—No era una estafa cualquiera —murmuró—. Era peor. Usaban empresas fantasma, cuentas intermediarias y gente que firmaba sin leer. Yo solo hacía de enlace al principio… pero luego me metí demasiado.
—¿Qué tiene que ver eso con el vestido?
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
