¿Es que ni siquiera sabes sujetar bien una cuchara?
Lucas escuchó. Obedeció. Empezó de nuevo.
Cuando ella lo insultó por su humilde origen, él simplemente respondió:
«Puede corregirme en el trabajo, señora Helena. Pero no en asuntos personales».
Doña Marta observaba todo desde la distancia, incrédula. Por primera vez, alguien no había huido.
En la tercera semana, algo cambió.
Temprano por la mañana, Helena sufrió una fuerte crisis de dolor. Doña Marta estaba de baja por enfermedad. Lucas se quedó con ella durante horas, vigilándola, llamando al médico, ajustándole la medicación y hablándole en voz baja para distraerla.
«¿Sigues aquí?», murmuró ella, agotada.
«Dije que me quedaría».
«Todo el mundo dice eso».
«No soy como los demás».
Esa noche, Helena lloró en silencio.
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