—¿Todo bien? —preguntó.
—Perfecto —respondí con calma—. ¿Y tú?
Dudó un instante. Entonces supo que yo lo sabía.
Al día siguiente, fui al hospital. Su hermana estaba viva. Los médicos hablaban de un envenenamiento grave y de una suerte increíble. Cuando llegué a casa, la decisión ya estaba tomada: si esto era un juego, jugaría mejor.
En casa, actuó como si nada hubiera pasado. Cuando mencioné casualmente que recordaba haber cambiado las gafas, se quedó paralizado. A partir de ese momento, comenzó una guerra silenciosa entre nosotros.
Empecé a reunir pruebas: facturas de farmacia, mensajes, grabaciones. Fui paciente. Él no me veía como una amenaza; pensaba que era una víctima.
Una semana después, sugirió que fuéramos. Sonreí y acepté. Al mismo tiempo, le entregué todo al detective privado.
Esa noche, junto a la chimenea, me sirvió otra copa.
—Por nosotros —dijo.
No toqué la copa.
Unos golpes en la puerta rompieron el silencio. Policía. Detención. Su mirada se llenó de miedo.
El juicio transcurrió rápidamente. Creí que había terminado.
Me equivoqué.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
