Sentada frente a la pantalla, completamente concentrada, moviendo los controles con una agilidad sorprendente. En la pantalla, una partida intensa estaba en curso. Ni siquiera notó la presencia de los policías.
—¿Señora? —dijo uno de ellos con cautela.
Ella levantó una mano sin apartar la vista de la pantalla.
—Un momento… estoy a punto de romper mi récord.
Los oficiales se quedaron en silencio, observando incrédulos. Tras unos segundos, un sonido de victoria llenó la habitación.
Doña Elena sonrió.
—Ahora sí… ¿en qué puedo ayudarles?
Cuando la familia se enteró de lo ocurrido, pasaron del susto a la risa. Desde ese día, antes de preocuparse, siempre preguntaban:
—¿Estás bien… o estás jugando?
Y Doña Elena, con una sonrisa cómplice, solía responder:
—Ambas cosas. Siempre ambas.
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