„Unterschreib das, sonst ziehe ich das jahrelang in die Länge“

Me quedé quieto. El café tenía un sabor metálico.

"¿Y anoche...?"

Lucía sonrió sin calidez.

"Cuando anoche dijo: 'Firma, o esto se prolongará durante años', y usted firmó, nos dio exactamente lo que necesitábamos: prueba de coacción y su consentimiento a sus condiciones. Su documento establece que usted pagó por el ático. Él lo firmó. Esa cláusula actuó como una guillotina."

Respiré hondo. No sentí triunfo. Sentí alivio.

"¿Es por eso que gritó su abogado?"

—Porque su abogado se dio cuenta de que Darío acababa de sellar su propia ruina legal —respondió Lucía—. No solo está perdiendo la casa, sino todos sus derechos. Y si intenta impugnarlo, tenemos los reportajes, las grabaciones de audio y su declaración de anoche. Además, hay otro detalle: el ascensor privado y la asociación de propietarios.

Lucía abrió otra carpeta: recibos, certificados, facturas.

"Todo está a tu nombre. Incluso el contrato de mantenimiento. Dario no puede solicitar legalmente una llave de repuesto sin tu permiso."

El instante en que dejé las llaves sobre el mostrador pasó fugazmente por mi mente. No había sido una rendición. Había sido una farsa.

"¿Qué hará?", pregunté.

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