—Esta joya pertenece a mi hija —exclamó la millonaria al verla en el regazo de la sirvienta.

—No, señora. Solo me dijeron que me encontraron cerca de una casa incendiada. Ya no había nadie allí. Creían que mis padres habían muerto.

Elena comenzó a llorar en silencio. Cada lágrima caía como un testimonio del dolor que había cargado en su interior durante demasiado tiempo.

—¿Tenías... tenías una pequeña cicatriz en el brazo, como una estrella? —preguntó con voz apenas audible.

Rosa levantó la vista sorprendida. Se bajó la blusa de un hombro, dejando al descubierto una pequeña cicatriz.

Elena se tapó la boca con la mano y rompió a llorar. Ya no había duda.

Rosa se quedó inmóvil, sin comprender.

—¿Qué está pasando, señora? —preguntó, aterrorizada.

Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.